Anuncios

Descanse en paz

vejez photo

 

Desgastado, eso es lo que está. A pesar de que intente aparentar lo contrario basta tener un poco de sensibilidad para saber que toda su indiferencia es fingida.

Pero, ¿por qué habría de fingir? No hay razón para disimular que uno ha perdido ya las ganas de vivir, que este mundo de pronto se te antoja ajeno, o que eres presa del aburrimiento más absoluto. No hay motivo para dejarse llevar por la indolencia y proseguir fielmente acodado en un sitio al que ya no se pertenece.

Uno debe tener dignidad y valentía suficientes para mandar a la mierda a la vida cuando ya se está cansado de vivir, me digo. Uno puede renunciar, dimitir, marcharse dando un buen portazo y comunicar así, a diestro y siniestro, el hartazgo que provoca lo de siempre.

Fingirá por costumbre, supongo. Como lo hacen muchos que se sienten igual de perdidos. Tratan de aparentar normalidad y así nadie sabe los terribles secretos que ocultan. Nadie se percata de que algunas veces sienten la tentación de acabar con todo.

Le miro, más por curiosidad que por atracción. Me pregunto si piensa en la muerte. Tal vez sea feliz ahí parado sabiendo que le miro. Sus ojos son azules. Su atuendo es impecable. Lleva tatuados por todo su pálido cuerpo números que simbolizan momentos, fechas pasadas, reseñas de la vida.

Me temo que las personas somos así. Anotamos la vida en diarios unos, y en tatuajes otros. Como si intuyéramos que la memoria no dura mucho y que hay que dejar muescas para cuando vengan los tiempos de hielo. Así me imagino la vejez. Una enorme estepa de hielo eterno en la que uno se abre paso buscando brotes verdes de primaveras pasadas.

Sigo mirando. No se inmuta. Llevo tiempo observándole. El tiempo suficiente para que mi actitud resulte insolente y maleducada. Mi madre solía decir que mirar así a las personas es de mala educación. Mi madre tenía ideas muy raras pero era mi madre y su opinión me influía. Por eso ahora miro a la gente siempre con tanto descaro. Casi siempre protestan. Pero él no.

Él no lo hace. Es lo suficientemente viejo como para que no le importe que una mujer más joven le dedique atenciones. O tal vez es que hace tanto que no le miran que se siente importante de pronto. Igual le late el corazón más deprisa. O a lo mejor espera a que le diga algo.

De pronto descubro que ahí radica el misterio. Es un anciano solitario, un ser acabado que ha malgastado las últimas páginas de su vida. Y aunque éstas tengan alto gramaje y una impresión de buena calidad y definición, nadie le ha prestado atención desde marzo de 2018. El calendario de mi mesa de trabajo murió antes de tiempo y ni siquiera me tomé el tiempo necesario para enterrar su cadáver en la basura.

Al menos, me digo, nunca te remplacé por otro. Pero lo digo por aliviar mi conciencia y los dos lo sabemos.

Al final, lo coloco con cuidado en el féretro en el que descansan los papeles que ya no sirven.

Descanse en paz.

calendario photo

 

Anuncios

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: