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Ganadores del concurso Con T de Talento 2 sobre Grandes Personajes

Queridos visitantes, os pido perdón por el retraso en comunicar el ganador del concurso pero me he tenido que ausentar en un viaje y no me ha sido posible elaborar los contenidos este fin de semana.

Quiero pedir perdón porque la herramienta gratuita de wordpress “Contest” no tiene una buena usabilidad en las votaciones y aunque he comprobado que funciona, lo cierto es que es fácil equivocarse y que se bloquee. Cuando uno dinamiza eventos culturales con medios propios la mar de caseros no es fácil a veces controlarlo todo en el proceso.

En cualquier caso, los dos más votados han quedado a bastante distancia del resto de participantes y eso me da tranquilidad.

Aunque la maquetación y el pdf recopilatorio con los 60 textos que llegaron (aproximadamente) lo prepararé lo antes posible, no quería dejar de publicar el resultado de los ganadores del certámen:

Ganadores: empate ex aequo:

Álex Ormuz (“La imaginación del Polonio”)

Marie Curie

Marie permanecía inmóvil, escrutando aquel pedazo de pedrusco verde, ignorante  de las infames agujas del reloj que marcaban los límites de su tiempo y su rutina. Esa infame con la que siempre batalló y que tantos adeptos quisieron imponerla desde su más tierna infancia. Impedimentos y barreras todos ellos. “Váyanse al infierno…” pensó.

“Quieres decirme algo, lo sé…” Le dijo a la inerte. “Pues adelante, te escucho…”

Su marido la habría tachado cuanto menos de loca si la hubiera visto hablando con un diminuto guijarro informe, pero Marie sabía que escondía algo. Lo supo desde la primera vez que lo vio y no importaba cuan tozudo quisera ser, no sabía con quien había topado.

De pronto, y sin saber muy bien cómo, pues así  nacen a veces las ideas que cambian el mundo, pudo verlo con claridad.

“¡Eso es! …Claro que sí… Pero necesitaremos toneladas…Bueno es igual… Madre mía, si Pierre estuviera aquí…”

-¡Cariño! Baja ya que nos vamos.

-Jo Mamá. ¡Estaba a punto de descubrir el Polonio!

-¿El polo que?…nunca entenderé de quien sacas esas ideas. Anda, coge tu portátil que llegamos tarde al taller de robótica

Catalina Villegas (“Vida media”)

Marie Curie

Querido Monsieur Einstein,

Ha llegado a mis oídos el eco de esa frase que usted pronunció recientemente sobre nuestra querida amiga Marie Curie: “Ella no es lo suficientemente atractiva como para llegar a ser peligrosa para nadie” y yo no podría abstenerme de opinar al respecto, con todo respeto y esperando que mis palabras no minen la cordial amistad que ambos nos profesamos.

En primer lugar, quiero otorgarle a usted el beneficio de la duda y aceptar de mi parte que su intención al decir aquello era la de proteger la reputación de Marie y que se hicieran oídos sordos a las calumnias injustamente levantadas contra ella por el hecho de haber salido a la luz nuestra especial relación. Sepa usted que lo tengo por un gran hombre de ciencia y un caballero muy íntegro y que, precisamente por eso, me ha causado tanta desazón su desafortunado comentario.

Es por eso que considero que sus palabras, más que protegerla a ella de los oprobios de la mala prensa, terminan, por el contrario, reduciendo el atractivo y la imagen de las mujeres a su apariencia física y le hacen más mal que bien a la condición femenina. Yo considero a Marie una mujer no solo atractiva por su magnético misticismo y su profunda inteligencia, sino por sus grandes cualidades y la inmensa seriedad con que se enfrenta a la vida. Es ella quien debería haberse llamado Pierre por su integridad y su pétrea tenacidad…

Le suplico, me crea, cuando le digo que me causa una punzada en el corazón el ver que la prensa y las habladurías tilden la amistad y el fervor que Marie me ha profesado, (y a los cuales yo le correspondo con igual devoción), de un simple affaire, de aventura pasajera o lío de faldas. Pero me hiere aun más que desprestigien su imagen, que ensucien su honra, que le provoquen el oprobio de pedirle la renuncia a su segundo premio Nobel y que la insten a regresar a Polonia. Usted, mi querido Albert, flaco favor le hace a ella al pronunciarse en los términos en que lo hizo…

¡Cuánto no daría yo por tener la mitad del atractivo de Marie, la mitad de su coraje, la mitad de su hombría, la mitad de su inteligencia y de su compostura! ¡Cuánto no agradezco el que semejante mujer me profese tan tiernos sentimientos -a mí que nunca me sentiré a la altura de su tan querido Pierre-! Cuán afortunado me considero por el privilegio de ver a la adusta Marie sonreír… y cuán infinita es ahora mi vergüenza de saberme culpable de toda esta situación y no saber enfrentarla con el coraje que amerita.

PS: he estado absorto estas últimas semanas en esa teoría que usted está proponiendo sobre la relatividad especial. Le aseguro que estoy fascinado con el alcance que le vislumbro a esa revolucionaria idea y que, cuando baje la marea de este infortunado suceso, quisiera que conversáramos largamente al respecto.

Suyo,

Paul Langevin.

Premio Unahabitacionpropia

En una habitación propia nos gustaría premiar a todos y cada uno de los participantes que se tomaron su tiempo en mandarnos sus creaciones. El talento, las ganas de compartir textos, la involucración de esta pequeña Comunidad no debería pasar sin reconocerse. Pero no es posible. Por eso hay que escoger a uno de los participantes y a mí me gustaría señalar a Ezequel Asnes con La Miseria de las Bendiciones. Destaco la Belleza de su lenguaje, la elección cuidada de cada palabra en la composición y el juego con el que busca la ambigüedad, al tiempo que elige la arriesgada primera persona para hacer una breve pero intensa penetración en la psicología del personaje.

 

ezequiel asnes la miseria de las bendiciones

Ezequiel Asnes (“La miseria de las bendiciones”)

Existían en otros tiempos tipos como yo. Es idiota pensar que soy mejor que ellos e incluso; que yo fuera el primero. Quisiera (no siempre, pero sí en algunas ocasiones) no tener la bendición de poder anticipar lo que mi mente me anuncia. Sí solo tuviera la posibilidad de conocer por adelantado la hora de mi final no tendría miedo (ni en ese instante ni ahora), o de alguna escena obscena de mí ser… sólo todos no tener esas imágenes, esas voces y sensaciones que me cuentan el final de mis amados. No me provoca dolor el ver los heridos en el campo de batalla en las ciénagas donde se hunden el león y el gallo, ni cuando el frío acabe con cada una de sus hermosas plumas azules en el este. Mil ciudades no valen estas tres vidas. Puedo anunciarlo pero nadie me oye. Puedo intentar escapar con ellas, pero sé que será inútil. Yo mismo me lo dije. Por eso quisiera maldecir a lo bendito que me fue entregado.
Lo más sagrado también me maldijo y a esto no existe forma de renunciar.

Gracias una vez más a todos y en breve os pasaré el enlace para poder descargaros el libro recopilatorio.

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