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Me va a dejar

broken heart photo

 

 

Sé que lo ha planeado, que me va a dejar. Sé que pasará tarde o temprano, tal vez en una lluviosa tarde de abril o en una noche estrellada de agosto. Cuando menos me lo espere, cuando más inconveniencia cause su partida, él vendrá con la noticia y yo fingiré que no estaba preparada para ella y el drama estará servido.

Sé que eso pasará a pesar de los dos hijos que conviven con nosotros, de los años que nos unen, del pasado que es de ambos, del futuro que se vislumbra en el lugar de las cosas no escritas. Lo hará porque no encuentra sentido a nuestra historia, porque está viejo y cansado, porque la ilusión no es la de antes, o tal vez porque ya no soy bonita, o porque  hay momentos en que uno solo quiere escapar de la rutina e irse lejos, muy muy lejos…

Sé que un día volveré a casa del trabajo y lo encontraré sentado en la cocina, taciturno como siempre, esperando mi llegada como se esperan las cosas inevitables y predecibles. No le preguntaré qué tal el día porque no me interesa su respuesta y él tampoco hará lo propio porque es tarde para empezar con esos miramientos de parejas bien avenidas que comparten cada segundo de la jornada para que no parezca que viven en mundos distintos.

No le diré eso de: ‘Loli hoy ha pedido un aumento’. Y él no dirá que los niños se han portado mal y ha costado un mundo que hicieran los deberes. No lo dirá porque odia adoptar el papel de amo de casa y yo me pregunto cómo se puede llegar a odiar tan intensamente lo que uno es. Y me respondo que es fácil hacerlo cuando uno nunca quiso llegar a ser eso. Y entiendo que a veces la vida te estrangula y te aboca a odiar lo que uno es porque te quita del camino las oportunidades de no serlo. Y entonces solo puedes elegir entre odiar a la vida por hija de puta, o a lo que uno es, por mediocre. Es más fácil lo segundo. Por eso, él no habla de los niños, ni de la cal del agua, ni de la factura de la luz,  y yo no hablo de Loli, ni de mi jefe, ni del departamento de ventas.

Los dos en silencio nos miramos y no abrimos la boca. Solo odiamos lo que somos.

Al final, él rompe el hielo. Hace un ruido gutural que significa que se marcha. Luego el silencio delata su ausencia y sé que estoy sola a pesar de que no se haya movido del sitio.

Una lágrima resbala por mi mejilla. No se trata de amor sino de autocompasión. Me pregunto si saldré adelante sin él.

Me va a dejar. Ese maldito cacharro sucumbirá a la obsolescencia programada, y se irá sin mirar atrás. Como un autómata, como un robot me dejará y no podré impedirlo.

Y tendré que tomar decisiones. Tendré que pensar si es mejor comprar otro lavaplatos o acostumbrarme a fregar a mano. Y me decantaré por lo primero porque no soy de las personas que prefieren estar solas. Opto por lo que optan casi todos los que están buscando.

Y me meto en el tinder de los electrodomésticos de linea blanca. Al principio uso seudónimo, pero luego me acostumbro a mi nuevo estado y al final ya no me escondo.

Y después de descartar un montón de candidatos petulantes e inapropiados, al final fijo una cita con un posible sustituto y mientras me arreglo para la ocasión, me justifico diciendo: A ver si éste se ha creído que iba a quedarme llorándole toda mi vida.

Me va a dejar.  Sé que muy pronto me va a dejar.

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2 comentarios en “Me va a dejar

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